Buena música, hermandad y el poder del festival de las juventudes en Tlanepantla

Por Degho Redfield

La rueda de la fortuna giraba, a lo alto a la derecha los carros pasaban, a la izquierda a lapsos trenes deambulaban anunciando su llegada, y enfrente de miles de almas, las bandas tocaron hicieron y deshicieron, bajo el nublazón, el incansable sol y la inevitable lluvia de las nueve de la noche que las nubes anunciaban desde horas antes.

La vista era impresionante y el sonido mejor. Desde tempranito, Zimbabwe empezó a prender a los primeros asistentes, pasaron sus canciones y la gente, comenzó a perder el miedo al lodo generado por la lluvia de un día anterior, el chiste era divertirse. Con Dr. Rockabilly no fue diferente, más de uno tomó a su pareja y comenzaron a bailar al ritmo pegajoso de esta banda relativamente nueva, incluso hasta saliendo en las pantallas deslumbrando con sus pasos.

En Yucatán a go go la banda se prendió más, empezaron a bailar gritar y cantar más, la interacción, así como el público iba creciendo, hasta formar la víbora de la mar, estas tres bandas formaron un clímax, que desembocó en una catarsis cuando sonó el siempre reconocible intro de lost acapulco, quienes tocaron con un bombo más grande, con buenos ritmos puestos por el war pig, la banda armó de los primeros slams, el baile se puso más bueno, había quedado caliente la pista después de los A go go.

El sonido de gallo negro llegó a dar más diversidad al concierto, ya hasta ese punto ya habíamos tenido ska, rock, rockabilly y ahora era un momento con un poco más de calma, mientras ellos tocaban las personas visitaban los food trucks, bailaban y platicaban.

El sol volvió, las nubes desaparecieron por un gran momento, dieron lugar a la entrada de hello seahorse, cerca de las 3 de la tarde, con el estomago lleno y fuerzas recuperadas, la pista de baile se volvió a abrir poco a poco, mientras, a la izquierda, la gente continuaba llegando, más y más.

Después llegaron los clásicos, todas sus canciones fueron coreadas, alabadas por la multitud, fue un acertado combo por parte del festival, me refiero a Batiz, Palomas y Liran Roll, todos con un sonido grandioso, clásico pero también fresco, si en las anteriores bandas aun tenías tu garganta normal, para cuando acabó Liran roll, ya estabas pidiendo una bolsita de agua.

El cierre fue espectacular, ahora sí, para romper la pista, el lodo ya no existía, solo era hermandad al ritmo de ska, pasamos por no beber con los victorios, hasta escuchar a quien se llama piter y se apellida punk, saltamos en one step beyond, e hicimos hasta head banding con la zona del terror. Un festival en donde en el gran silencio, lo único que no estuvo presente, fue el silencio, y nadie lo extrañó.

A ti ¿qué te pareció el festival? ¿Fuiste? ¿Esperas una segunda edición? Dejalo en los comentarios que yo los leeré. 🙂


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